martes, 21 de agosto de 2007

De sindicatos, salarios mínimos y otras tonterías

Aunque uno ya no se sorprenda de las tonterías que dicen nuestros sindicatos, no puedo dejar de preocuparme por las consecuencias de lo que proponen. Urge una modernización de las estructuras y planteamientos sindicales en nuestro país, de su financiación y de su papel dentro de nuestra democracia.

Podría poner muchos ejemplos del anacronismo de nuestro sistema sindical, pero la excusa que me sirve para poner sobre la mesa este asunto es la exigencia de la UGT de que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) suba a 885 euros en cuatro años. Fiel a mi manía de acudir a la fuente para verificar si existen matices que pudieran cambiar el sentido de la noticia, me dirijo a la página web de la UGT. En ella compruebo que lo leído en la prensa es casi un "copia-pega" de la información que el propio sindicato ha "colgado" en su web.

En ella afirma varias cosas interesantes: que el SMI sólo afecta al 0,8% de los trabajadores, que esta renta constituye un suelo retributivo para el resto de los salarios y que, según un estudio realizado por UGT, la fijación del SMI tiene efectos positivos sobre el empleo. Les aseguro que por más que he buscado ese supuesto estudio no he conseguido encontrarlo, así que si alguien me lo hace llegar, prometo leerlo con el máximo interés.

También calla otras: que países como Alemania o Suecia no tienen SMI y que la mayoría de los economistas están de acuerdo en que la fijación de un salario mínimo por ley genera paro en los colectivos menos cualificados y más débiles.

Podría exponer aquí el mecanismo de formación de salarios y el efecto del SMI sobre la fijación del equilibrio en el mercado de trabajo, pero sería muy aburrido para la mayoría de los que me leen y tampoco les aclararía demasiado. No obstante, creo que merece la pena explicar, aunque sea de manera coloquial, las consecuencias de la intervención del Estado en la fijación de un precio mínimo del factor trabajo.

En circunstancias normales, lo que un empresario está dispuesto a pagar a un trabajador estará en función del valor añadido que éste aporte a la empresa. Si un bien puede venderse en el mercado a 10 euros, el consumo de materia prima y otros gastos para fabricarlo es de 4 euros y el empresario quiere ganar un 5% neto para ser competitivo y vender toda su producción, le podrá pagar al trabajador 5,5 euros/hora si su productividad es de 1 pieza/hora, 11 euros/hora si es de 2 piezas/hora y así sucesivamente, puesto que el coste máximo de producción no debería ser superior a 9,5 euros.

Supongamos que se trata de un trabajo de baja cualificación, un bien de consumo masivo y que la productividad media de los trabajadores es de 1 pieza/hora. Supongamos que el gobierno fija por ley un salario mínimo de 7 euros/hora. Las alternativas del empresario son fundamentalmente tres:
  • Subir el precio del bien, lo que en una economía globalizada supone en la práctica cerrar la empresa a corto o medio plazo, generando paro.
  • Contratar sólo a trabajadores cuya cualificación le permita obtener una productividad de más de 1 pieza/hora, lo que generará paro entre los trabajadores menos cualificados.
  • Invertir en maquinaria especializada, sustituyendo trabajo por capital y generando paro.
Los defensores del establecimiento de un salario mínimo no han sido capaces de demostrar lo que UGT afirma: que tiene efectos positivos sobre el empleo. Entonces ¿qué argumentos usan para defender su implantación? Según dicen, si no existiera, los salarios tenderían a fijarse por el mercado en unos niveles socialmente intolerables. Una tontería desmentida tozudamente por la realidad.

Veamos. En Alemania o Suecia no hay SMI y no parece que los trabajadores alemanes y suecos anden sumidos en la indigencia. Si en España sólo el 0,8% de los trabajadores perciben el SMI, el 99,2% perciben un salario superior, lo que implica que es el propio mercado el que mantiene los salarios en esos niveles pues, de no ser así, no tendría sentido que los empresarios pagasen salarios superiores al SMI.

Por tanto, si el SMI no interfiere en el mecanismo de formación de los salarios del 99,2% de los trabajadores ¿qué aporta al mercado laboral? La expulsión del mismo de los trabajadores más jóvenes y menos cualificados, dificultándoles la obtención de una experiencia laboral que les permita mejorar su cualificación. Un menor número de empresarios, principalmente pequeños, que no pueden poner en marcha proyectos cuyo valor añadido no supere el SMI. Un perjuicio para los consumidores que, o tienen que adquirir productos importados, o disponen de una menor oferta de bienes.

¿Cuándo van a ser valientes nuestros sindicatos y van a dejar de financiarse con cargo a los presupuestos? ¿Cuándo van a defender los intereses de los parados con el mismo entusiasmo que los de los trabajadores en activo? ¿Cuándo van a gestionar el medio y el largo plazo en lugar de buscar réditos a corto?


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