miércoles, 13 de febrero de 2008

Desvelados por el velo de la ignorancia

Cada uno es libre de opinar que lo adecuado es permitir que se acuda al colegio con velo. O de pensar justo lo contrario. Lo grave es pasar del pensamiento a la imposición a través de leyes. Lo tremendo es coartar el ejercicio de la libertad individual cuando no interfiere en derechos y libertades ajenas.

Si se trata de adultos, la cuestión parece clara. De ahí que algunos argumenten que en el caso que nos ocupa se trata de niñas que no están ejerciendo su libertad, sino padeciendo la imposición de sus padres. Podría ser. Pero ¿y qué hacemos con las imposiciones paternas sobre la hora de volver a casa, hacer la primera comunión, restringir el uso de internet, el ordenador o la play, estudiar piano o ballet, ir a misa los domingos, rezar antes de acostarse o no permitir a su hija llevar una falda por encima de la rodilla? Es cierto que no todos somos buenos padres, pero no es menos cierto que más allá de comportamientos claramente inadmisibles como el maltrato o los abusos, el tipo de cuestiones a las que me he referido no pasan de ser imposiciones que nos parecen mal o bien en función de nuestras creencias y principios. En otras palabras, no son universalmente concebidas como negativas, sino que están sometidas a un alto grado de subjetividad.

O admitimos el derecho de los padres a educar a sus hijos menores conforme a sus valores y creencias, o permitimos que el Estado usurpe esa función regulando conductas con normas que bailen al son del gobernante de turno.

A quien abogue por éste último modelo, le diría que si uno promete hacer una ley que impida llevar velo en las escuelas públicas con el argumento de que es discriminatorio para las mujeres, debería ser coherente con ese argumento y llevar ese razonamiento hasta el final. Porque si es discriminatorio, no sólo lo es en la escuela pública, sino también en la privada. Y no sólo en la escuela, sino en la calle. Y no sólo en la calle, sino en su casa. Y cuando entremos en la casa de los ciudadanos, ya nada será igual. Por todo ello, a quien sea partidario de permitir que el Estado regule conductas individuales que no limitan derechos y libertades de terceros, quizás convenga recordarle el famoso sermón que Niemöller escribió tras comprobar las consecuencias de la política nazi que inicialmente apoyó:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
(Martin Niemöller)

4 comentarios:

Ludwig Constantine dijo...

Te respondo aquí a la pregunta que me hacías en el comentario de tu artículo anterior sobre mi opinión del asunto del velo.

La verdad, estoy bastante de acuerdo contigo en este tema. De hecho creo que coincido plenamente. Ya sé que lo que te gusta es que se discrepe, pero esta vez pensamos igual, lo siento.

el aguaó dijo...

Amén querido Tato.

gazpacho con arepa dijo...

Así es. La clavaste!
Aquí os dejo un blog que también tiene un artículo que trata el tema:

http://elblogdeantoniavidal.blogspot.com/

desde Lebrija para el mundo dijo...

Curiosamente entro en tu blog y me doy cuenta que compartimos criterios, sobre el tema de la intencionada prohibición del velo. Me ha gustado mucho tu reflexión. Además he tenido la grata sorpresa de haberme visto "recomendada".

Un abrazo