martes, 23 de junio de 2009

Prohibiendo que es gerundio

Hoy escuchaba en la radio las opiniones, agresivamente unánimes por cierto, de unos contertulios aplaudiendo entusiasmados la prohibición del uso del burka en Francia. También eran unánimes las de las de los oyentes que llamaban o enviaban mensajes. Es de esos asuntos recurrentes, como el del velo, que resurge cada cierto tiempo.

Los argumentos a favor de la prohibición ponían los pelos de punta, aunque seguramente sólo los míos. Decían que había que prohibirlos porque eran una imposición -argumento con el que estoy absolutamente de acuerdo cuando ello sea así, aunque para proteger la libertad individual, y no sólo del burka impuesto, ya hay leyes en Francia, lo que haría innecesaria la nueva-, pero, añadían, aunque la mujer se lo pusiera voluntariamente, también habría que prohibírselo porque seguramente estaría alienada. Llevado ese argumento hasta el final, podrían por ejemplo obligar a las mujeres maltratadas a presentar denuncia aunque no quieran, negando incluso la posibilidad de que alguna de ellas sea masoquista.

Legislar coartando las libertades individuales es un camino peligroso.


13 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Peligroso y extremo.

Juegas con libertades ajenas.

Gracias y un placer.

Er Tato dijo...

Bienvenido a la taberna, Javier. A la primera, como es costumbre, invita la casa, aunque la copa sea virtual.

Quienes juegan con libertades ajenas son quienes se permiten juzgar las motivaciones de los demás para hacer lo que hacen cuando no afecta a la libertad de un tercero. Peligroso y extremo es imponer nuestra moral a los demás. A mí me parece una barbaridad que una mujer se ponga un burka, pero no menos que imponerle que se lo quite si lo lleva voluntariamente.

El placer es mío, Javier, y gracias a ti.

Saludos

Capitán dijo...

Equibrio, tan fácil de definir y difícil de alcanzar, en cualquier caso prefiero que las leyes se queden cortas a que se pasen

Saludos

Juanma dijo...

Pero, querido Tato, qué dificilísimo discernir cuándo una mujer lleva burka voluntariamente, ¿no? Desde nuestra mentalidad, desde luego, parece casi imposible.

¿Has leído el artículo de Gabriel Albiac hoy miércoles en ABC?

Un fuerte abrazo, querido amigo.

Er Tato dijo...

Sin duda Capitán, no es fácil, pero es que algunos lo hacen más difícil de lo que es.

Pues no lo había leído, Juanma, pero acabo de volver de leerlo. Y no estoy en absoluto de acuerdo. ¿Zarkozy inteligente? ¡Buah! Ahora en serio. En una sociedad democrática, disculpa la exageración, las personas tienen suficientes instrumentos para defenderse de imposiciones y no es misión del legislador imponer el uso de esos instrumentos argumentando que no son libres para usarlos. Así, el Estado podrá decidir por nosotros mismos cada vez que le interese; bastará que afirme que estoy alienado y que debe tomar por mí las decisiones que, según ellos, no soy capaz de tomar por mí mismo. Entraríamos así en un círculo peligrosísimo en el que el Estado decide asesinar la libertad individual en nombre de esa misma libertad. Yo, desde luego, no compro ese artículo defectuoso.

Un par de abrazos

Juanma dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, sin duda. Pero, en referencia a tu entrada, sigo pensando que es muy difícil averiguar si una mujer lleva burka voluntariamente. No sé, la verdad, si nuestra mentalidad occidental (¿otra exageración?) es capaz de ver voluntariedad en ello.

Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querido Tato, creo que ya conoces mi postura. Opino que si hombres y mujeres tenemos rostro, ¿por qué ella ha de cubrírselo y él no? Pero por encima de todo creo que prohibir es a veces la mejor defensa de la libertad. Mañana hablaré de eso en mi blog.

Parsimonia dijo...

Sabes lo muy de acuerdo que estoy contigo. Ya comentamos este tema hace tiempo.
El velo es parte de una identidad religiosa, como una cruz al cuello, sólo que es más vistoso y encierra otro tipo de polémica como el esconder partes del cuerpo humano.
Creo que para una musulmana convencida que le quiten el velo significa poco más o menos como que la obligaran a llevar una falda muy corta porque tiene que ver también con el pudor del cuerpo y el respeto del hombre a la mujer, etc.
Un tema complicado, pero debemos asumir la diversidad cultural siempre en el respeto a los demás.
Besos, Tato.

Er Tato dijo...

Si el legislador se convierte en juez, apaga y vámonos. Debe haber leyes que prohíban enérgicamente imponer a los demás actos o comportamientos que vulneren su libertad individual, pero ¿leyes que presupongan la imposición? Para eso están los jueces. Lo contrario está muy cerca del fascismo. Pero entiendo lo que dices, querido Juanma. Se hace muy cuesta arriba -a mí también-, que una mujer se ponga el burka voluntariamente, pero con toda seguridad, habrá casos en que así sea ¿se lo prohibimos? Y en aquellos casos en que sea un imposición, es decir, que se está vulnerando la libertad de elección de la mujer ¿acaso el Estado moderno y democrático no tiene mecanismos para que la mujer denuncie, para que se la proteja y para que pueda emprender una nueva vida? El Estado debe garantizar rotundamente que esos mecanismos sean efectivos -y yo encantado de que mis impuestos se dediquen a eso-, pero a la víctima, en la medida en que lo sea, también se le debe exigir determinación y contundencia para defender su libertad y no que se la proteja limitando la libertad de quienes sí deseen ponerse un burka. Pero claro, es más fácil y barato prohibir.

En efecto, Jesús, nos conocemos y nos respetamos, pero me cuesta renunciar a ponerte sobre el mostrador algunos argumentos, además de los anteriores. ¿Por qué ella ha de cubrirse el rostro y él no?, preguntas ¿Y por qué un sacerdote puede renunciar al sexo con lo rico que está sin que esté alienado? ¿O una monja de clausura no comunicarse con el mundo, casi como con el burka? ¿O un penitente azotarse hasta sangrar? ¿O un masoquista darse caña a tope? Dices que a veces prohibir es la mejor defensa de la libertad. Sí, siempre que lo que se prohiba sea invadir la libertad de los demás. Fuera de esos casos, prohibir implica obligatoriamente legislar la moral. Espero tu entrada de mañana, que seguro que a todos nos hace pensar, para insistir en el debate.

Me consta tu postura al respecto, Parsimonia, aunqiue para mí no es tanto una cuestión de identidad religiosa, como de respeto a las libertades individuales.

Besos y abrazos

Ranzzionger dijo...

Vengo del blog de Jesús y me ha parecido muy interesante tu reflexión. Por no repetir lo que he dicho allí, simplemente me parece un asunto muy complicado, fruto de una sociedad cambiante, sin la uniformidad que tuvo y que requiere un esfuerzo mutuo de integración. Estoy de acuerdo contigo en que habría que garantizar la libertad del individuo y, por supuesto, de la mujer para poder denunciar imposiciones que atenten contra su dignidad. Pero claro, también hay que contemplar ese paternalismo con el que somos capaces de juzgar comprotamientos ajenos desde occidente, así como esa tendencia que puede tener papá Estado a intervenir en la vida privada. Pero también creo que, en aras de cierta comprensión cultural, no se puede renunciar a unos principios básicos tan difíciles fueron de conquistar. Muy inreresante tus reflexiones. Me acercaré con más frecuencia por aquí.
Un saludo.

pilar dijo...

Muy interesante tu entrada y muy racionales tus argumentos. Aunque el principio Kantiano de la autonomía y la "mayoría de edad" se encuentra con una piedra en el camino: hay mujeres que quieren llevar el burka, por convicción y otras que no quieren llevarlo por lo mismo y deciden qué hacer de forma autónoma, pero hay mujeres que no reconocen alienación en llevar el burka y lo aceptan como "lo que debe ser", de forma acrítica (como las monjas sus hábitos, los curas sus sotanas). Aquí falta algo de lo que aún no habeis hablado: educación. Para ser libres y autónomas estas mujeres tienen que saber qué es eso de la libertad. Necesitan la educación que también les veta su religión. Por ese camino deberían ir las leyes.
Por otra parte, aunque el burka me molesta sobremanera como manto que invisibiliza a las mujeres,como símbolo atroz de negación de la mujer, no dejo de verlo como otros mantos con los que las distintas religiones se deshacen de nosotras.....en eso estoy de acuerdo contigo.
Besos, Pilar
Mira que me he tenido que quitar de mi costura......

Er Tato dijo...

Pues bienvenido a la taberna Ranzzionger -¿de dónde ha sacado el nick miarma-, y gracias por tu comentario. Y como es costumbre, a la primera ronda invita la casa.

¿Y la alienación la decide el Estado tirando por elevación, querida Pilar? Tienes razón en que la educación y la cultura nos hace más libres, pero olvidas un detalle: algunos muy educados y formados abogan por la prohibición, metiendo en el mismo saco a quienes eligen el burka libremente y a quienes lo usan por imposición. ¿Es entonces la educación garantía de ser libres y admitir la libertad ajena? En todo caso, tienes razón a pesar de las excepciones. Besos a cara descubierta.

Saludos

Zapateiro dijo...

Es un tema espinoso.
Discernir cuándo alguien lleva un burka voluntariamente y cuándo por imposición se antoja muy difícil, cuando no imposible.

Creo que la cultura de un pueblo no debe imponerse, por regla general. Prohibir es un verbo que últimamente está muy de moda y que está perdiendo el carácter subsidiario que debiera tener.

Creo que la lucha por la dignidad -pues la igualdad es una utopía en la cultura musulmana- de las mujeres debe hacerse desde los cimientos, impulsando políticas educativas con valores - tan en desuso ahora- que primen la igualdad de todos los hombres (véase hombres como nombre neutro -que eso de que muchos quieran que el neutro desaparezca no lo soporto-). Esto que digo en un país como Afganistan es impensable,pero en un país libre y desarrollado como Francia es posible.

Yo intentaría educar en valores de igualdad, de forma que ellas mismas vieran que nadie es inferior a nadie porque se nazca del sexo que se nazca; y que la libertad debe ejercitarse porque es un derecho fundamental de la persona; y que la política y la religión, cuando se mezclan, suelen tener consecuencias desastrosas; y que el avance de las sociedades requieren del reconocimiento y protección de unos derechos básicos; y un largo etcétera que haría demasiado pesado mi comentario.

En definitiva, creo que en un país como Francia recurrir a la prohibición debería ser lo último.

Un saludo Tato.